Es posible que usted haya escuchado con mucha frecuencia de los cálculos renales, pero jamás haya sabido una sola cosa sobre las piedras en la vesícula, hígado y conductos biliares. El procedimiento común según dictamina la medicina convencional, es aplicar cirugía en el caso de que la vesícula presente complicaciones, sin embargo existe un esquema de limpieza de una duración de diez días aproximadamente a partir de la ingesta de productos naturales que sirven para la expulsión de dichos cálculos de manera biológica y sin intervención quirúrgica.
Existen los cálculos biliares y los hepáticos. Los primeros son depósitos duros y similares a cristales de roca que se forman dentro de la vesícula biliar. Estos cálculos pueden ser tan pequeños como un grano de arena o más grandes como un garbanzo. Los segundos son menos conocidos pero son en esencia iguales a los biliares, a excepción de la ubicación, pues estos se forman en el hígado.
¿Qué hace el hígado?
El hígado es la glándula más grande que existe en el cuerpo humano y se ubica al principio del intestino delgado. La vesícula biliar, se encuentra detrás del hígado y cerca de su base. El fin primordial del hígado es la producción de bilis, una secreción esencial para descomponer los lípidos digeridos en partículas más pequeñas que el intestino delgado pueda absorber.
El hígado forma bilis a partir de agua, electrolitos y otras moléculas como el colesterol, bilirrubina, ácidos biliares, etc. La bilis se almacena en la vesícula hasta necesitarse.
¿Por qué se forman cálculos?
Hay dos tipos de cálculos: los formados por un excedente de colesterol, que constituyen el tipo más común, y los formados por un exceso de bilirrubina, los cuales pueden desarrollarse cuando los glóbulos rojos se están destruyendo.
Muchas de las personas que presentan cálculos hepáticos o biliares jamás han tenido algún síntoma. Suele ocurrir que estos se descubren cuando se toman radiografías de rutina o para alguna cirugía abdominal.
La medicina solo extrae los cálculos en casos extremos, cuando están calcificados y se notan en las ecografías. Pero antes de calcificarse son invisibles, pues tienen la misma consistencia que el tejido hepático.
La propuesta natural
La propuesta natural de la limpieza del hígado y la vesícula se hace a partir de una ingesta considerable de ciertos jugos naturales y otros remedios caseros. Dicho sistema ha sido empleado por miles de personas que han obtenido una respuesta beneficiosa, con la expulsión de numerosos cálculos contenidos.
Los cálculos hepáticos y biliares reducen en gran medida la secreción de bilis, lo que debilita la capacidad de las enzimas pancreáticas para digerir los carbohidratos, las proteínas y las grasas. Esto, a su vez, impide al intestino delgado absorber adecuadamente los nutrientes de los alimentos.
Estos cálculos también producen trastornos en el sistema nervioso. “Los glóbulos blancos, los rojos y las plaquetas, se forman en la médula ósea, la cual es alimentada y mantenida por los nutrientes proporcionados por el sistema digestivo”. Dichos cálculos, entonces, constituirían la raíz de muchos problemas de salud.
La limpieza hepática
Este procedimiento “casero” en el que el paciente también debe someterse a lavados de colon (colónicos) puede sufrir algunas variaciones mínimas dependiendo del centro de medicina que lo recomiende. Todos aconsejan dirigirse a un médico profesional, con conocimientos en medicina biológica, que evalúe antes el caso de cada paciente y pueda anticipar su respuesta ante el tratamiento. Es importante comentar que los médicos alópatas convencionales desconocen este procedimiento.

Indicaciones básicas
– Duración: entre 6 y 10 días
– 6 litros de jugo (el tipo de jugo ideal será determinado por el médico)
– Dieta vegetariana o hepática: eliminará los lácteos, frituras, harinas, carnes. Comerá frutas, verduras, alimentos suaves y calientes como la avena y el arroz blanco
– Entre dos y cuatro hidroterapias de colon
– Sales de Epsom (nombre común del sulfato de magnesio)
– Aceite de oliva extra virgen
– Jugo de toronja o naranja
El jugo inicial prescrito por el doctor contiene ácido málico, indispensable en la limpieza, pues detectará los cálculos hepáticos y biliares y los debilitará hasta convertirlos en una especie de arenillas, lo cual hará que salgan por los conductos biliares sin ocasionar dolor.
La dieta vegetariana rigurosa contribuirá a ir desinfectando el intestino grueso y a reducir la carga de trabajo del hígado, lo que disminuirá la producción de bilis. Los lavados colónicos, por su parte, limpiarán el colon y removerán las adherencias acumuladas, lo que mejorará la digestión y hará que los cálculos salgan con rapidez.
Las sales de Epsom constituyen un laxante natural que provocará la salida inminente de los cálculos. El efecto producido por las sales no es doloroso ni molesto; si acaso producirá unos retortijones suaves.
El aceite de oliva se encargará de lubricar los conductos para que los cálculos se expulsen sin inconvenientes. El jugo de toronja o naranja ayudará a mitigar la náusea provocada por el sabor del aceite, además de aumentar la reacción biliar.
Después de una limpieza hepática el organismo irá mejorando gradualmente sus funciones digestivas, aumentando el nivel de energía y estará con un sistema inmune más fortalecido.
Es importante recalcar la importancia de consultar previamente con un médico calificado e informado en este procedimiento y abstenerse de realizar el procedimiento por cuenta propia pues existen algunas condiciones de salud que impedirían a ciertas personas realizarse este procedimiento de forma segura.
